Hoy en la oficina pasé el roche de mi vida. Resulta que por el Día de los Enamorados escribí una carta de amor para mi flaca. En ella le decía cuánto la quería y lo mucho que la extrañaba cuando no estábamos juntos. La llevé impresa a la oficina, pues a la salida iba a comprar un regalito en el que incluiría mi declaración de amor.
Mientras la releía, la secretaria de Recursos Humanos se acercó a mí y me dio una circular para que le saque varias copias y luego las reparta entre los empleados. Como me dijo que tenía que hacerlo inmediatamente, sin darme cuenta puse mi carta de amor sobre la fotocopiadora en lugar de la circular y saqué varias copias para todo el personal de ese piso. Cuando terminé, cogí el fajo de papeles y me fui por cada escritorio a entregarlas.
Muchos recibieron el documento sin mirarlo y lo dejaron a un lado, pero cuando entregué la última hoja a la contadora, ésta se puso sus lentes y lo leyó. Luego me miró confundida y me preguntó: ¿te estás burlando de mí? No licenciada, la secretaria me ha dicho que reparta este documento, le dije y ella empezó a reír. De pronto se paró y empezó a leer en voz alta. “Mi amor, te amo, como dos palabras que forman una sonrisa en tus labios, como dos cielos llenos de colores reflejados en tus ojos, como dos palabras infinitas que no deben dejar de sentirse…, firma tu Orlando.” Los demás cogieron la hoja que les había entregado y empezaron a leerla y luego a reírse… ¡Qué, acaso te nos estás declarando a todos!... escuché que alguien murmuró de manera burlona.
Perdón, creo que me confundí, les dije recontra avergonzado y pasé rápidamente por todos los escritorios recogiendo las hojas, mientras la gente se mataba de risa. En eso, Ernesto, asistente de personal, se acercó a mí, pensé qué buena gente, me va ayudar a recoger las hojas. Cuando estuvo a mi lado, se puso de rodillas y me dijo: ¡Orlando, siento que te amo…!
Cuando llegué a mi fotocopiadora encontré la circular, que luego fotocopié y repartí a todos. ¡Pucha!, las cosas que me pasan por enamorado. Espero que no se entere de esto mi jefa, sino ya fui…
Mientras la releía, la secretaria de Recursos Humanos se acercó a mí y me dio una circular para que le saque varias copias y luego las reparta entre los empleados. Como me dijo que tenía que hacerlo inmediatamente, sin darme cuenta puse mi carta de amor sobre la fotocopiadora en lugar de la circular y saqué varias copias para todo el personal de ese piso. Cuando terminé, cogí el fajo de papeles y me fui por cada escritorio a entregarlas.
Muchos recibieron el documento sin mirarlo y lo dejaron a un lado, pero cuando entregué la última hoja a la contadora, ésta se puso sus lentes y lo leyó. Luego me miró confundida y me preguntó: ¿te estás burlando de mí? No licenciada, la secretaria me ha dicho que reparta este documento, le dije y ella empezó a reír. De pronto se paró y empezó a leer en voz alta. “Mi amor, te amo, como dos palabras que forman una sonrisa en tus labios, como dos cielos llenos de colores reflejados en tus ojos, como dos palabras infinitas que no deben dejar de sentirse…, firma tu Orlando.” Los demás cogieron la hoja que les había entregado y empezaron a leerla y luego a reírse… ¡Qué, acaso te nos estás declarando a todos!... escuché que alguien murmuró de manera burlona.
Perdón, creo que me confundí, les dije recontra avergonzado y pasé rápidamente por todos los escritorios recogiendo las hojas, mientras la gente se mataba de risa. En eso, Ernesto, asistente de personal, se acercó a mí, pensé qué buena gente, me va ayudar a recoger las hojas. Cuando estuvo a mi lado, se puso de rodillas y me dijo: ¡Orlando, siento que te amo…!
Cuando llegué a mi fotocopiadora encontré la circular, que luego fotocopié y repartí a todos. ¡Pucha!, las cosas que me pasan por enamorado. Espero que no se entere de esto mi jefa, sino ya fui…
1 comentario:
Caballero Orlando, cuando cupido nos flecha hacemos tonterías pero así es el amor
Publicar un comentario