miércoles, 11 de febrero de 2009

EL RECURSEO

Durante varios días estuve pensando en qué podría trabajar para ganarme un dinero extra. Definitivamente tendría que ser en mis ratos libres porque trabajar de noche, naranjas, a qué hora vería a mi flaquita. Mi vieja me sugirió que venda sándwich en la playa, ya que ahora todo el movimiento está por allá.

El sábado me levanté temprano y con ayuda de mi viejita preparé unos 50 sándwiches. Mi flaca me acompañó, pero no precisamente para ayudarme a vender, sino para distraerse con sus patas, que cuando llegaron a la playa pensaron que mis sándwiches eran el almuerzo del día. Felizmente logré detenerlos a tiempo, aunque dos de ellos me compraron un par, los primeros de la mañana.

El gringo estaba bravo, quemaba como no tienen idea, y la playa ya tenía buena cantidad de gente. “Sándwich de pollo”, sándwich de pollo…. gritaba. Anduve buen trecho hasta que una señora me llamó y me compró dos sándwiches. Parece que la tía me dio buena suerte, porque más allá también me compraron y por un momento estuve rodeado de gente, me sentía contento.

Ya para las dos de la tarde había vendido casi todo, aunque, la verdad me dolía los pies de tanto caminar y me ardía la espalda, pues del apuro ni me puse bloqueador. Como me quedaban dos sándwiches me comí uno y el otro lo guardé para mi enamorada, pero cuando regresé, no encontré ni a mi flaca, ni a sus patas. Pensé que me había equivocado de lugar, pero cuando la llamé a su celu me dijo que se habían ido a comer porque tenían mucha hambre. ¡Pucha!, y yo que quería pasar un buen rato con ella y se va con sus amigos, se pasa… Solo y recontra cansado me senté en la arena y me comí el sándwich que quedaba, luego me fui tirando dedo para ahorrarme el pasaje. La espalda me ardía más… creo que me ha dado insolación.

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