Todos estos días me he sentido estresado, porque en la oficina me han mandado a sacar un huevo de fotocopias. Un pata me dijo que haga ejercicio, pero ¡pucha, qué flojera!, con tanto calor ni de vainas, así que mejor opté por manejar bicicleta.
Mi vieja me dio la idea de que me vaya así a trabajar para ahorrarme el pasaje y así lo hice. Al día siguiente, todo animoso saqué mi bicla y salí de casa para irme a trabajar. Todo iba bien, pero ¡pucha!, resultó recontra cansado. Al llegar a una esquina un policía me paró y me dijo que usara casco si no quería romperme la cabeza al tener algún accidente, yo le dije: gracias jefe, lo tendré en cuenta, pero ni de vainas, que me voy a poner un casco si estoy con camisa y corbata, me voy a ver recontra ridículo, en fin… seguí mi camino. Iba a toda velocidad para llegar a mi hora, miraba a todos lados, cuando de pronto apareció delante de mí una señora que cruzaba de la mano con un niño.
Como venía embalado no pude frenar y para no estrellarme contra ellos, me desvié a un costado sin darme cuenta que había un poste. La señora, asada me gritó, ¡Oye tonto, casi nos has matado, mi niño está asustado por tu culpa! Yo le dije que no tenía la culpa, pues ella cruzó sin darse cuenta, pero no me hizo caso y me tiró con su cartera. ¡Qué roche!, encima que me cayó golpe, mi ropa estaba sucia y mi bicicleta rota.
Con el arco delantero todo chueco llegué hasta la empresa, la dejé en el estacionamiento y me fui a marcar mi tarjeta. El vigilante de la puerta me dijo, uy Orlando, te arrolló un tren, y dio una carcajada. No le hice caso y seguí hacia mi fotocopiadora para empezar mi trabajo. En la tarde alguien de personal se acercó a mi lugar y me dijo que por haber llegado tarde me iban a descontar el día. ¡Pucha, gano poco y encima me mochan el sueldo!