lunes, 24 de noviembre de 2008

Adiós a las comunicaciones

Hoy he visto cómo la computadora que compartía con tres practicantes más, y que me obligaba a llegar a las siete y treinta de la mañana para poder usarla antes que nadie, se ha ido de la mesa que llamo escritorio. La fiel Pentium 2 se fue a mejor vida y en su lugar nos han dejado dos blocks y un lapicero. ¿Se imaginan?, ¿acaso no son conscientes que somos tres? O sea vamos a seguir compartiendo hasta el papel.



Ni que decir del anexo que también se lo han llevado. Ahora si queremos llamar, tenemos que decirle a la señorita Hernández que marque por nosotros y ponga su clave. Lo más rochoso es que antes que lo haga nos pregunta sobre el motivo de la llamada. Si ella considera que no es por chamba, fuiste. Esto ha obligado que invente un código de claves para poder comunicarme con algunas personas sin tener que gastar el poquitísimo saldo de mi celu prepago. Por ejemplo mi mamá ya sabe que ella es la secretaria del doctor De La Guardia, así que cada vez que quiero hablar con ella, para decirle que no se olvide de separarme comida en la noche, tengo que fingir que hablo con una persona importante. La otra vez le dije “sí, deje el informe en portería” y ella entendió que aliste mi uniforme de arquero. Cuando llegué no había comida pero mi ropa estaba lista sobre la cama.



Bueno ya me tengo que ir a pasar esto en limpio porque todo este post lo he escrito en un papel. Voy a aprovechar que la secretaria de contabilidad se ha ido temprano y ha dejado su computadora prendida para ver mi Hotmail y de paso poner esto. Nos vemos.